Hace un par de días Piri dejaba una entrada en su blog con las reglas técnicas de la marcha nórdica competitiva francesa y decía que esperaba que la sencillez y cordura que se van imponiendo al norte de los Pirineos tuviera su reflejo en el trabajo de la FEDME. No le falta tampoco razón al bueno de José Antonio.
Está claro que la marcha o caminata nórdica de competición debe estar reglada porque se hace necesario poner coto a los tramposos, pero no he pedido dejar de recordar un artículo de Paulo Coelho en XL Semanal que me pasaron hace algún tiempo. Es un artículo publicado hace ya más de tres años pero creo que sigue estando de plena vigencia titulado Bastones y pocas reglas, del que extracto aquí unos cuantos párrafos:
En el otoño de 2003 estaba yo paseando en plena noche por el centro de Estocolmo cuando vi a una señora que caminaba apoyándose en unos bastones de esquí. En primer lugar deduje que la señora debía de haber sufrido algún tipo de lesión, pero luego me di cuenta de que ella caminaba con bastante rapidez y siguiendo con sus movimientos un ritmo bien marcado, como si estuviese atravesando la nieve solo que todo lo que había a nuestro alrededor era el asfalto de las calles. La conclusión inevitable fue: «Esta señora está loca: ¿cómo puede fingir que está esquiando en medio de una ciudad?».
Al regresar al hotel, le comenté la anécdota a mi editor. Él me dijo que el loco era yo: lo que había visto era un tipo de ejercicio conocido como caminata nórdica (nordic walking). Según él, así, además de las piernas, se emplean también los brazos, los hombros y los músculos de la espalda, de manera que se trata de un ejercicio mucho más completo.
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Mi mujer buscó en Internet y descubrió que de esta manera se quemaban un 46 por ciento más de calorías que en una caminata normal. Se quedó extraordinariamente entusiasmada y, a partir de entonces, la caminata nórdica pasó a formar parte de nuestra vida cotidiana.
Cierta tarde, para distraerme, decidí entrar también en Internet y ver lo que se decía sobre el asunto. Me quedé pasmado: había páginas y más páginas, federaciones, grupos, discusiones, modelos y... reglas.
Imprimí todas las páginas. Al día siguiente y los que lo siguieron intenté hacer exactamente lo que indicaban los especialistas. Entonces la caminata comenzó a perder interés, yo ya no me paraba a observar las maravillas que me rodeaban, apenas conversaba con mi mujer, no conseguía pensar en nada que no fueran las reglas. Al cabo de una semana, me hice la siguiente pregunta: «¿Por qué estoy aprendiendo todo esto?».
Decidí olvidar todo lo que había aprendido. Hoy caminamos con nuestro par de bastones, disfrutando del mundo alrededor, sintiendo la alegría de exigirle al cuerpo movimiento y equilibrio. Si lo que yo quisiera fuera hacer ejercicio en lugar de meditación en movimiento, me apuntaría a un gimnasio.
Actualmente estoy satisfecho con mi caminata nórdica relajada e instintiva, aunque tal vez no esté perdiendo ese 46 por ciento extra de calorías.
No sé por qué el ser humano tiene esta manía de inventarse reglas para todo.
